lejos de tus brazos
rosa desvelada
se deshacen tus pétalos
sobre mi almohada.
Un latir de besos
palpitar del ama
me vuelven
aliento,
verdor,
esperanza.
No temo a las horas,
llanto de distancia,
ni a tus labios secos
ni a tus blancas canas
ni a tus suaves manos
ni a tu voz cansada.
Temo a la ternura
que envuelven mis ganas
al deseo inmenso
de calmar tus ansias.
Vengo de tu vientre
flácido , dolido
del tierno regazo
que jamás olvido.
Traigo tus palabras
presa en mis oídos
y una huella tuya
marcando el camino.
Vuelvo
una y otra vez
a la casa de antes
al sillón de siempre
a tus brazos tibios
al café caliente
y suplico a Dios
con deseo ardiente
que no te abandone
para cuando vuelva,
Madre,
allí te encuentre.